29.3.11

Nuevo Mundo

Viernes 25 a las 12 del mediodía.Cuando me doy cuenta tengo una mochila colgada con algo de ropa y el portatil y voy camino de Mizonokuchi a coger el primero de una larga lista de trenes. El viaje a Osaka fué una decisión repentina, natural, una consecuencia de varios factores que me empujaron a tomar la decisión de darme un pequeño respiro y volver un poco a mis orígenes de turista en el país del sol naciente y ciertamente fue una desición más que acertada.

Podría haber hecho el viaje en Shinkansen. En dos horas hubiera llegado a Osaka pero la verdad es que ultimamente, tenemos más tiempo que dinero y por otro lado, el hacer el viaje en trenes locales me daba la oportunidad de parar en ciudades que no conocía como Nagoya o Shizuoka. Desgraciadamente, no contaba con una cosa y es que debido a los cortes de luz y al ahorro de energía al que el país se está sometiendo, algunos tramos operaban con servicios mínimos por lo que no tuve tiempo de parar todo lo que quería. Aún así, disfrute de cada una de las 9 horas que me llevaron a la región de Kansai. Hice una primera parada en Atami, una pequeña ciudad al lado del mar, bastante popular entre los hippies de la capital, algo así como Caños de Meca en Cádiz, solo que esta vez, debido a que aún las temperaturas no daban mucho pie al nudismo colectivo, la cosa en Atami estaba bastante tranquila. La siguiente parada para cambiar de tren fue en Fuji, aunque no vi el monte por ningún lado. Se iba haciendo de noche y ya en la siguiente parada tuve que esperar más de lo que yo esperaba así que me di cuenta de que se me empezaba a agotar el tiempo. Pasé Shizouka, Hamamatsu hasta llegar a Nagoya y, definitivamente, me vi medio obligado a enganchar el Shinkansen y 50 minutos después llegaba a Osaka para una merecida cervecita con el señor Miguel Silva en Nanba, uno de los digamos, tres centros de la ciudad, acorde con mi interpretación, claro.

Y es hora de hablar de Shinsekai (literalmente, "Nuevo mundo"), el sitio donde nos hospedaríamos, más concretamente en el Hotel Chuo. Cómo explicarlo... Shinsekai, a principios de siglo fue construido, digamos con muy buenas intenciones. Se hizo un parque de atracciones que fue un auténtico "boom" en la época y como símbolo de expansión se construyó la Torre de la Luna (en la foto). Fue tal el impacto de la zona que en 3 meses casi 5 millones de personas decidieron instalarse en Shinsekai. Pero llegó la guerra. La torre era un reclamo para los aviones bombarderos y la tiraron abajo, el barrio decayó, se sumió en la oscuridad y se convirtió en lo que hoy es. Shinsekai es el sitio de Japón con más indigentes por metro cuadrado del país. Pero hay una diferencia. Dichos indigentes, según me explicaba Miguel quien llevaba instalado en el Hotel Chuo desde poco después del terremoto del 11 de Marzo y conocía bien la zona, eran trabajadores de un día. Había ciertas oficinas distribuidas por el distrito en donde muy temprano por la mañana se repartían trabajos de un día. Los trabajadores realizaban su trabajo y dependiendo de la paga dormían en uno de los muchos hoteles de la zona (en algunos el precio era de 6 euros la noche) o volvían a dormir en la calle.

Para un turista, Shinsekai podría ser catalogado de poco recomendable, es una zona en declive, los comercios van cerrando uno tras otro, las calles están sucias, abandonadas, pero sin embargo, y aludiendo una vez más a al índice de seguridad de Japón, el peligro de ser atracado o algo similar es más bien bajo o semi-imposible. Una zona así en cualquier otro país sería otro cantar, pero en Japón, era algo que había que ver para creer. El Hotel Chuo, según deducimos, empezó dando cobijo a dichos trabajadores hasta que, suponemos, en algún momento subirían ligeramente los precios y ahora es un hotel frecuentado por turistas mochileros de todo el mundo.

Durante los dos días enteros que pasé en Osaka, jugamos obviamente a ser turistas. El castillo de Osaka es posiblemente uno de los edificios más impresionantes que he visto en mi vida. Osaka es una ciudad absolutamente rocambolesca, estrafalaria, caótica. La frase que más usábamos mientras caminábamos sin cesar por sus calles era "¿Y eso? ¿Qué hace eso ahí? No tiene sentido, Manué / Migué". Una iglesia cristiana con dos pantallas de televisión insertadas en la fachada metálica oxidada emcumbrada por unas rejas de acabado en punta situada justamente al lado del Hotel Chuo, un "Love Hotel" (hoteles en donde el usuario paga por horas y tiene acceso a una habitación, bueno, de dudoso gusto decorativo) con temáticas que van desde la Navidad a los Osos amorosos, personajes sacados de un sanatorio funky y abandonados a su suerte con una sobredosis de LSD, la gente hablando a gritos, suciedad con encanto, caos, eso es Osaka.

Volví ayer, Lunes 28 de Marzo, también en trenes locales lo que me llevó 11 horas y ya de vuelta en Tokio, las cosas no pintan tan mal. Poco a poco noto como la ciudad se va curando las heridas y empieza a andar, Fukushima aún rebelde se va calmando, la ayuda va llegando cada vez más a los damnificados por el tsunami a pesar de lo mucho que queda por hacer. Japón está más unido que nunca y quiere salir adelante y esperemos que así sea, que aunque en Osaka las cosas no tengan mucho sentido, la vida aquí cada vez tiene más y más.

24.3.11

A ciegas


Confieso que estoy perdiendo "algo" de fe. La línea que separa el valor de la imprudencia se va haciendo cada vez más fina. Fukushima no para de exponer el gran fallo del hombre, la máquina que se rebela contra su creador y que se estremece fuera de control. Las réplicas no ayudan, cuando todo parecía estar tranquilizándose, hoy me despierta una exactamente de la misma manera que la semana pasada, como el día de la marmota.

Uno de mis mejores amigos se vino ayer de Osaka porque consideró que la situación estaba medianamente bajo control. Al llegar a casa lo primero que hice fue beber un buen buche de agua del grifo para después sentarse a ver las noticias y perder los nervios al ver que los niveles de iodo en el agua de Tokio eran más altos de lo normal. 2 minutos después una segunda noticia alertaba de una columna de humo negro saliendo del reactor 3 de la central Daichii de Fukushima. A estas horas debe de estar haciendo las maletas, se vuelve a Osaka.

Anoche, después de cenar, en un acto reflejo mientras me lavaba los dientes abrí el grifo y puse el cepillo debajo del chorro, es lo que siempre hago después de haber puesto la pasta de dientes. Mientras me cepillaba los dientes me acordé de la noticia sobre el agua de Tokio. Pero no dejé de hacerlo. Volví a la habitación y miré fuera de la ventana. Esa mañana había hecho la colada, con agua corriente, como todo el mundo. Hoy, mientras escribo llevo puesta esa misma ropa, que ya seca, recogí esta mañana. Ahora me dispongo a lavar los platos que se acumulan en el fregadero, con agua de grifo, porque las reservas de agua no son suficientes como para malgastarlas en lavar 4 platos. Cocinar con agua de grifo no es aconsejable, beberla es un disparate, pero, ¿y que hay de todo lo demás? Nadie dice nada, nadie sabe nada.

La radioactividad se ha convertido no solo en el enemigo invisible sino también en paranoia persecutoria. Ahora la veo en todas partes, y lo peor de todo, es que no me preocupa. Mientras mis amigos hacen las maletas y se piran del país, yo me quedo en casa, me doy una ducha, lavo platos, pongo la lavadora y es entonces cuando me asalta la duda, ¿soy un valiente o un idiota imprudente?

Ayer fuimos a cenar sushi, tomamos diferentes platos e incluso una taza de te y algo de sopa. En el Kaiten Sushi (restaurante de sushi en que los platos van circulando sobre una cinta por delante de los clientes) donde fuimos la gente comía y bebía absolutamente despreocupada. Yo le preguntaba a Sakie, "¿es que nadie lo sabe o es que a nadie le importa?". No con mucha seguridad, respondió "lo saben, pero aunque les importara, nos mirarían a nosotros comiendo y pensarían, bueno si ellos lo hacen y no pasa nada, yo también puedo." Era un efecto colectivo, recíproco, e incluso preguntándoles directamente si no les preocupaba el tema del agua, nadie diría la verdad.

El enemigo invisible, puede que ya viva dentro de mi, puede que se cobre su víctima no ahora, sino dentro de 10, 20 o 30 años, puede que para ese entonces ya ni me acuerde de ese día en que me duché como tantos otros o del día que fregué los platos o lavé la ropa o comí sushi gustosamente. Puede que dentro de 10 minutos haya otra sacudida de 9.0 y lo de la radioactividad por darme una ducha deje de importarme porque tenga que buscar mis calzoncillos debajo de un peñasco, pero por ahora, hay que seguir, hay que seguir, hay que seguir...

22.3.11

La ciudad aún late


Se podría decir que mi historia con Shibuya es una historia de amor y odio. Yo soy un enamorado del neón, y de la lluvia, y cuando me combinas los dos a lo Blade Runner pues me deshago, me puede, el cerebro se me inunda de sensaciones y me sale una lagrimilla.

Cuando llegué a Tokio, en Junio del 2009, era la época de lluvias, el monzón, y llovía copiosamente mientras que la atmósfera era tan húmeda que se podía beber de ella (no aconsejable, por cierto). La cuestión es que iba con gente que ya había estado en Tokio antes y esa misma noche, salimos de fiesta. Justo antes de ir al sitio donde íbamos, me obligaron a hacer una parada en Shibuya. Yo no entendía nada. Sí, yo sabía lo del famoso paso de cebra a tres bandas en donde la marabunta se cruza y se entremezcla como en una escena de Braveheart y bueno, la verdad es que preparé la cámara y como un niño pequeño, salí de la estación, miré hacia atrás y... allí estaban, los neones, la lluvia, las tres enormes pantallas, los paraguas, la gente, el reflejo en el asfalto, el humo, los japoneses... Me enamoré al instante de Shibuya.

Durante el año siguiente iba a menudo, localizas las tiendas que te interesan, los restaurantes que te gustan, los bares en los que te escuchan y uno va fundiéndose con la ciudad, pasando desapercibido, siempre, hay tantísima gente que todavía no he visto dos veces a la misma persona (aunque conociéndome, podría haber visto a esa persona 10 veces y no me acordaría). Bueno la cuestión es que me encantaba ir a Shibuya después de trabajar solo para dar un paseo, me daba una vueltecita escuchando algo de música y me volvía para casa. Para mí era como una sesión de yoga, me encantaba andar por Shibuya.

Pero las cosas empezaron a cambiar, tanta gente me empezó a molestar, me di cuenta de que ciertas calles apestaban a cloaca, que tanto colorido y tantísima variedad, tantísimas opciones de compra, de potenciales amigos, amores, enemigos, me saturaron, y clausuré Shibuya.

Hoy he ido a comer con Sakie en Omotesando, ella trabaja allí y hemos aprovechado para comer juntos y cuando habíamos terminado me dije... "Si me vuelvo a casa ahora, y hay otra réplica, me pego un tiro. Vamos a dar un paseo." Hoy llovía, no como en la estación de lluvias, hacía algo de frío, y encima las noticias acerca de la radiación, la lluvia y todo eso pues te quitan incluso las ganas de pasear el cuero cabelludo por la ciudad no sea que una gotita de lluvia ácida me atraviese el cerebelo. Sin embargo, nada más lejos de la verdad, la sensación hoy era distinta. Realmente me apetecía ir a Shibuya, perderme en sus calles, entrar en cualquier tienda, tomarme un café en cualquier bar y por supuesto conocer a alguien.

Llegué a Shibuya por la parte este, me dirigí primero a Tower Records, después a Book-Off para luego tomarme un cafelito en Starbucks. Entre que iba de un lado para otro la lluvia caía suavemente y llamaba a la noche. Debido al ahorro de energía al que la ciudad está siendo sometida como consecuencia del terremoto y del tsunami de la semana pasada, Tokio respiraba a medio gas, diría que un 20% o un 30% (a ojo, que seguro que me equivoco) de las luces que normalmente bañan la ciudad, hoy seguían apagadas. La ciudad se me dibujaba como una gran bestia herida, pero aún viva, muy viva, aún brillando con fuerza y mostrando todo su poder. Y de alguna manera, me volví a enamorar de Shibuya.

Una nota de humor: iba paseando cerca de la estación cuando dos japoneses me "asaltaron" en inglés y me preguntaron "¿Eres Jesucristo? Ya con el tiempo te deja de sorprender cualquier cosa que surja de una conversación entre un extranjero y un japonés, ya que la barrera idiomática es un hecho constatado y fuente de millones y millones de anécdotas, algunas innombrables, pero... ¿Jesucristo? Le respondo en japonés que no, que me confunde con otro, y por si acaso, corroboro la pregunta, a lo que uno de los chavales me dice "¿Crees en Jesucristo?" Vale, esto ya tiene más sentido. Les explico como puedo por donde van mis ideologías religiosas, lo que sí, lo que no... Me explican que son algo así como un grupo de personas que creen en la segunda llegada de Jesucristo, etc, a lo que les respondo "Pero... ¿Viene en tren? Por eso lo de esperar en la estación"? Risas, gracias, algarabía. Bueno, en resumen, estaban intentando captar adeptos, según me reconocieron más tarde, no con mucho éxito, pero me aseguraban que allí se dejarían la piel por ser fieles a lo que creían. "Ole" pense. Les di la mano, me disculpé por la falta de fe, las bromas, etc y proseguí con mi redescubrimiento de ese corazón que late suave pero que late, por siempre, que es Shibuya.

¡Réplicas dimisión!


El orden y la disciplina de Japón son valores ancenstrales que han traspasado fronteras y se han mantenido a lo largo de los siglos desde tiempos inmemoriables. Son valores intrínsecos en la forma de pensar japonesa, pero no por ello valores con fecha de caducidad más que pasada. Los más jovenes lo han convertido en respeto y educación y no importa la circunstancia o problema del que estemos hablando, esos valores siempre saldrán a relucir cuando hablamos de Japón.

Muchas cosas han pasado en esta última semana, todos lo sabemos, ha sido un punto y aparte en la historia de este país y bueno, aún lo está siendo. El incidente de la planta nuclear de Fukushima ha levantado una enorme polémica, no solo en tierras niponas sino también en el resto del mundo, no existe país alguno que en estos momentos no se esté mirando debajo de las faldas a ver si todo sigue en su sitio e incluso algunos que van incluso más lejos y por fin, deciden cambiarse de bragas, es decir, buscar soluciones de energía alternativas a la nuclear.

Ayer volví a Yoyogi Koen, no estaba tan soleado pero aún así se estaba muy dignamente. La alarma de terremotos sonó en torno a las 14:35 y yo me temía lo peor, pero a mi alrededor la gente seguía tumbada o jugando a la pelota o haciendo el indio, por lo que al final, el temblor ni siquiera se notó. Yo ya me imaginaba a mi mismo a lo Indiana Jones agarrado al borde del precipicio mientras la tierra se abría, etc. A las 16:00 dimos por terminado el pic-nic y nos dirigimos a Shibuya. Nada más salir del parque nos dimos cuenta de que había "estallado" una rebelión, una revolución de masas que pedía el cierre de Fukushima a grito pelado, a golpe de bombo y platillo, con altavoces atronadores y... en fila india ¿? Me acerco un poco más, empiezo a leer carteles de "NO a la guerra" y demás clásicos del reivindicalismo de a pie. Examino la fila, la gente está tranquila, anda despacio, en fila. Un coche encabeza la marcha y mientras, a golpe de altavoz recita unas enmiendas, la masa lo repite, pero más que como una protesta, como un mantra.

A su paso, se van sumando más policías y más gente. Le pregunto a Sakie que por qué hay tanta policía si la mayoría de los manifestantes están a punto de quedarse dormidos, le explico que en mi país, si hay una manifestación, lo mínimo que puedes esperar es algún cocktail molotov, o una cabra volando (sí, bueno, exageré un poco, ¡entendedme, hombre, soy andaluz!), a lo que ella me respondió, "no, la policía está para proteger a los viandantes". ¿?

La marcha siguió hacia Shibuya, adentrándose en la ciudad y sin salirse de un perímetro de 2 metros de ancho (a fila de 2). Cuando los vimos empezar gritaban sobre Fukushima, y luego ya habían cambiado a Libia, o a los impuestos, etc. Un día más tarde me enteré que la manifestación no había salido en ninguno de los medios del país, es decir, fue menos trascendental que un peo cósmico, y por eso me he dicho hoy... por esa gente que aunque su voz no se escucha se echa a la calle y se da un paseo multitudinario a viva voz (y ya que me identifico un poco porque yo con el blog es como si hicera una marcha igual pero con 10 personas detrás ) les dedico hoy esta entradita, como elogio, una vez más, a esa forma de hacer las cosas que nunca dejará de sorprenderme. ¡NO a los terremotos! ¡Cese de réplicas YA! (Por si acaso)

20.3.11

Lo que nos mueve


Hoy es día 20 de Marzo. Digamos que, de alguna manera, hoy se cumple el plazo dado por las autoridades japonesas para empezar a diluir la emergencia de que otro terremoto de igual magnitud nos golpee otra vez de la forma que ya lo hizo el 9.0 del 11 de Marzo. Hoy he soñado que estaba jugando al fútbol en un campo de arena amarilla con unos amigos, y que mientras nos tomábamos un descanso, el suelo se empezaba a mover, no de forma alarmante, nada más que un suave mecer de cuna y nos mirábamos y decíamos "yureteru, yureteru" (se mueve, se mueve). Abrí los ojos y lo primero que pensé es, "vaya, ha habido otra réplica y me ha pillado durmiendo." Encendí el portatil para ver la web del Instituto Meteorológico de Japón para comprobar si realmente ha habido algo o ha sido solo mi imaginación. La última réplica detectada fue en torno a las 5:30 am, de magnitud no superior a 2 y lejos de aquí, con lo cual, ha sido mi imaginación.

Siguiente paso: Fukushima. Conecto con la NHK japonesa, no emite. Conecto con NHK World, y parece ser que la situación, aunque con cautela, mejora por momentos. Isótopos encontrados en Ibaraki y Fushima en leche y espinacas (ya me han aguado el café de hoy, gracias), pero por lo demás la temperatura sigue bajando cerca de los reactores y la radiación también. "Fiuuu" pienso mientras me desperezo y me levanto a poner orden en la habitación. Recojo futones, me meto en la ducha, inundo el cuarto de baño porque se me ha quedado atascado algo en el desagüe, me como los dos últimos panes con chocolates que me quedaban en casa y un zumito y allá que vamos. Listo para dirigirme a Yoyogi Koen hoy otra vez.

Yoyogi Koen (el parque Yoyogi) es un paraíso. Situado en el centro (bueno, uno de ellos) de Tokio, acoge una de los templos más impresionantes (Meiji-Jingu) y es sitio de culto para artistas, jóvenes, parejas, y sin hogares. La foto ayer era mas o menos así: Un grupo de percusionistas compuestos por 3 japoneses de diferentes edades y un extranjero con su mujer atronaban el parque con 5 piezas de percusión. Me cautivó tanto que me senté justo enfrente de ellos y estuve una hora allí, hipnotizado, mientras el sol me daba en la cara, bueno, qué decir... Imposible volver a España en estos momentos.

El avión dispuesto por el Gobierno sale hoy de Tokio con 450 plazas, desconozco si se ha llegado a llenar pero lo que sí se que es que aquí nos quedamos un número bastante significativo de españoles. La situación no es para irse, no por peligro radioactivo, no por riesgo de una hecatombe, claro que nadie conoce con certeza lo que la señora madre Tierra nos está cocinando pero por ahora, mi sensación, sin haber ni siquiera salido de Tokio es que no hace falta salir del país. Puede que al haber pasado ya casi dos años aquí me vaya contagiando el sentimiento nacional, me importan más las víctimas (más de 7000 en estos momentos, la pèor cifra desde la Segunda Guerra Mundial) y el cómo lo están pasando, me preocupa más que la madre de Sakie, a estas alturas en pleno Sendai buscando aún a su madre y a su hermana, las encuentre, que la ayuda llegue, que Fukushima se enfríe, que volvamos a currar para levantar esto y que llegue la primavera, el Sakura, y todo lo bueno que está por llegar.